- En el acto, José Bono ha defendido la necesidad de reivindicar a Melquíades Álvarez como símbolo de moderación y entendimiento democrático: «Algunos se esmeran todos los días en distinguir lo que les separa»
- Eugenio Ribón reivindica la abogacía como pilar de la democracia y del Estado de Derecho: “el derecho de defensa y las garantías procesales deben preservarse incluso en los contextos más adversos. Cuando defendemos independencia judicial, secreto profesional o igualdad ante la ley no estamos defendiendo privilegios corporativos; estamos defendiendo la arquitectura misma de la democracia”
El homenaje celebrado este martes en el Patio del Ilustre Colegio de la Abogacía de Madrid en memoria de Melquíades Álvarez acabó convirtiéndose en una defensa de la concordia, el diálogo y el Estado de derecho frente al clima de polarización política. Noventa años después del asesinato del histórico jurista y expresidente del Congreso de los Diputados, representantes de la abogacía, las instituciones y la familia del homenajeado reivindicaron su legado como símbolo de moderación, tolerancia y defensa de las libertades públicas.
El acto, organizado conjuntamente por los colegios de la Abogacía de Madrid y Oviedo para recordar al que fuera decano de ambas corporaciones, reunió en la sede colegial madrileña al expresidente del Congreso José Bono; a los decanos Eugenio Ribón y Antonio González-Busto; al decano emérito del ICAM, Luis Martí Mingarro; al director general de la Alcaldía de Gijón, Jaime Fernández-Paíno; y a familiares de Melquíades Álvarez.


José Bono fue el encargado de establecer el paralelismo más explícito entre el clima político de los años treinta y la situación actual. Durante su intervención, reivindicó a Melquíades Álvarez como “un demócrata liberal, reformista, un posibilista” y defendió la necesidad de preservar espacios de entendimiento frente a la dinámica de confrontación política. “El país vale más que el PP, el PSOE y todos los partidos juntos”, afirmó el expresidente del Congreso, quien lamentó el deterioro del consenso y advirtió de que “hoy quizá” ya no sería posible pronunciar discursos como los que apelaban al perdón y la reconciliación durante la Transición: “Algunos se esmeran todos los días en distinguir lo que les separa», alertó, señalando que «recordar a Melquiades Álvarez es también ejercer el derecho a la memoria democrática”.

En un discurso cargado de referencias históricas y personales, Bono recordó también el asesinato de Melquíades Álvarez en la Cárcel Modelo de Madrid en agosto de 1936 y reivindicó la memoria del dirigente asturiano como ejemplo de moderación y defensa de la convivencia democrática. “Lo verdaderamente hermoso de la humanidad es lo que nos parecemos”, sostuvo, antes de advertir de los riesgos de una política basada en la descalificación permanente del adversario.
La abogacía como pilar del Estado de Derecho
Por su parte, el decano del ICAM, Eugenio Ribón, situó la figura de Melquíades Álvarez como referencia ética y profesional para la abogacía contemporánea y defendió el papel de los abogados como garantes de las libertades y del Estado de derecho. “En tiempos de polarización, él encarnó la defensa de la civilidad. En tiempos de sectarismo defendió la concordia”, afirmó Ribón, quien reivindicó además la vigencia de una abogacía “independiente, honorable y comprometida con la sociedad”.
El decano recordó también que Melquíades Álvarez asumió la defensa de José Antonio Primo de Rivera pese a sus profundas discrepancias ideológicas, como expresión de una convicción esencial para la profesión jurídica: que el derecho de defensa y las garantías procesales deben preservarse incluso en los contextos más adversos. “Cuando defendemos independencia judicial, secreto profesional o igualdad ante la ley no estamos defendiendo privilegios corporativos; estamos defendiendo la arquitectura misma de la democracia”, afirmó Ribón.

Asimismo, Ribón destacó la dimensión social del legado de Melquíades Álvarez al recordar que, como decano del ICAM, impulsó un consultorio atendido por letrados con una antigüedad mínima de cinco años para ofrecer asesoramiento jurídico a quienes carecían de recursos económicos, una iniciativa que situó como antecedente del actual servicio de orientación jurídica. Con ello, subrayó que la concepción de la abogacía de Melquíades Álvarez no se limitaba al ejercicio técnico del Derecho, sino que respondía a una vocación de servicio público y de defensa efectiva de quienes más lo necesitaban. “La abogacía no se pertenece a sí misma, sino que se debe a la sociedad”, afirmó Ribón, reivindicando una profesión llamada a ser “custodia, centinela y garante de los derechos civiles de toda la ciudadanía”.
En reconocimiento a esa trayectoria ejemplar y a su legado al servicio de la abogacía y de la sociedad, el decano Eugenio Ribón ha concedido a Melquíades Álvarez, a título póstumo, la Medalla de la Encomienda de la Hermandad de la Abogacía. Esta distinción, de carácter honorífico, refleja la ejemplaridad de las virtudes cívicas y profesionales que la Corporación reconoce en quien fuera decano del ICAM y una de las figuras más destacadas de la historia jurídica española.
Vigencia moral
En el homenaje también participaron el director general del Ayuntamiento de Gijón, Jaime Fernández-Paíno; el decano honorario del Colegio de la Abogacía de Oviedo, Luis Carlos Albo Aguirre; el decano emérito del ICAM, Luis Martí Mingarro; y el bisnieto de Melquíades Álvarez, Manuel Álvarez-Buylla.
Fernández-Paíno reivindicó la vigencia política y moral del homenajeado, de quien destacó que “defendió la palabra frente a la fuerza, la concordia frente al enfrentamiento, el Estado de derecho frente al atropello”, y subrayó que reconocer hoy su figura es también “devolver a Asturias la voz que le corresponde en el relato común de España”. Por su parte, Albo Aguirre recordó su profunda vinculación con la abogacía ovetense, institución a la que accedió con 23 años y de la que fue el decano más joven, así como su compromiso con los más vulnerables, hasta ser conocido como “el abogado de los pobres”.
En esa misma línea, Martí Mingarro situó a Melquíades Álvarez dentro de una tradición jurídica basada en la independencia, la moderación y la defensa de las garantías, y apeló al papel de la abogacía en la preservación del Estado de derecho: “Los abogados tenemos que contribuir a que en nuestra área de trabajo no se pierdan esos valores”. Finalmente, Álvarez-Buylla agradeció en nombre de la familia el homenaje y la distinción póstuma concedida por el ICAM, y recordó que, para su bisabuelo, “antes que político, antes que profesor”, su mayor orgullo fue siempre “ser abogado y nada más que abogado”.

Sobre Melquíades Álvarez
Melquíades Álvarez (Gijón, 17 de mayo de 1863-Madrid, 22 de agosto de 1936) fue presidente del Congreso de los Diputados durante la restauración borbónica y Decano del ICAM entre 1932 y 1936. Conocido como “El Tribuno” por su excepcional oratoria, compaginó el ejercicio de la abogacía con sus tareas políticas y su labor docente.
En 1912 fundó el Partido Reformista, en el que militaron miembros de la intelectualidad española del momento, como Benito Pérez Galdós, Manuel Azaña, José Ortega y Gasset y Manuel García Morente. En agosto de 1936, un mes después del comienzo de la Guerra Civil, Melquíades Álvarez fue recluido, al igual que otros dirigentes políticos conservadores, en la Cárcel Modelo de Madrid y posteriormente, durante la llamada Matanza de la Cárcel Modelo de Madrid, sería asesinado por milicianos que habían ocupado la prisión.
Esta mañana, antes de la celebración del homenaje en el ICAM, el decano Eugenio Ribón y familiares de Melquíades Álvarez han depositado flores en su tumba como muestra de recuerdo y reconocimiento a su figura y a su legado. Un gesto con el que el Decano mantiene el homenaje que viene rindiéndole cada año desde 2023.



