
La decana de la Facultad de Derecho de la UNED, Sonia Calaza, fue reconocida el pasado mes de marzo con el Premio Igualdad “Belén Landáburu y María Telo» en la categoría de persona física por su labor en el impulso de iniciativas académicas y divulgativas orientadas a visibilizar el papel de las mujeres en el ámbito jurídico y universitario.
A través de este reconocimiento y con esta entrevista, el ICAM pone en valor una trayectoria comprometida con la igualdad de oportunidades, la democratización del conocimiento y la promoción de referentes femeninos en el Derecho.
¿Qué ha significado para ti recibir este reconocimiento del ICAM?
Este premio ha supuesto para mí un cúmulo de emociones difíciles de concretar en una única “instantánea”. En el emocionante momento en el que (de forma inesperada) lo recibí, pasaron ante mis ojos, en escasos segundos, todos los años de sacrificio, de resistencia y lo que es peor: ¡de incertidumbre! Si he de destacar una emoción entre todas fue la motivación. No solemos trabajar para que nos elogien, sino por la responsabilidad de contribuir al mantenimiento y, de ser posible, a la construcción de un mundo mejor. Pero los premios (tan excepcionales) nos recuerdan que este trabajo silente, (muchas veces) solitario y siempre, muy esforzado, tiene un sentido. Para la Universidad Nacional de Educación a Distancia (UNED) -mi Universidad- supuso, indudablemente, un orgullo. Nuestra Facultad contribuye diariamente a la formación de Abogada/os, tanto desde el Grado como desde el Máster (de la Abogacía) y por tanto, la recepción, desde la Ilustre casa de la Abogacía, de un premio al liderazgo supone -¡qué duda cabe!- un revulsivo, no sólo para mí, sino también para toda/os mis querida/os compañera/os.
¿Cuál fue el principal motivo que te impulsó a presentar tu candidatura a estos premios?
En realidad, fue algo casual, casi accidental y desde luego, poco esperanzado. El pasado curso académico enfermaron gravemente dos estudiantes míos (muy queridos) y decidí (creyendo que se recuperarían) pasarme el verano con un proyecto muy laborioso: hice materiales, esquemas y vídeos (podcasts) con todo el temario de las cuatro disciplinas de Derecho procesal que se imparten en el Grado de Derecho en la UNED: ¡casi 100 unidades! De este modo, pensaba yo, tanto estos dos estudiantes (que ya no podrían venir a clase) como todos los que tuviesen dificultades extremas (por enfermedad, por discapacidad, por horario laboral, por cargas personales o familiares) podrían seguir -igualmente- el curso y al término, examinarse.
Mi proyecto pretendía acercarme (intelectualmente) a quiénes, de otro modo, no pudiesen llegar a alcanzar su reto universitario. Y pensé: Yo adoro a mis estudiantes de la UNED, lo hago por ella/os; pero en verdad, este proyecto (que tantísimo esfuerzo me supone) puede ayudar a todos los estudiantes de todas las Universidades españolas; incluso, llegado el caso, a toda la sociedad. Cualquier persona que quiera saber qué es una demanda, una denuncia, una querella; en qué consiste la litispendencia; cuándo y cómo se interpone una declinatoria; qué tipos de medidas cautelares se pueden pedir (en cada tipo de proceso) y un largo etcétera: ¡Aquí lo encontrará! Será un material que beneficie, en definitiva, a toda la sociedad e ilustre jurídicamente a quiénes desconocen el ecosistema de la Justicia (judicial y extrajudicial). Estuve cuatro meses encerrada y dos meses (adicionales) grabando todas estas sesiones.
En ese momento, me encontré (de forma fortuita) con la convocatoria del premio y con toda humildad pensé: este año he aunado, en estos 6 meses (dos de ellos de verano: renunciando a mi descanso) todos los conocimientos docentes adquiridos durante 25 años y los he puesto (con toda la simplificación lingüística posible) al servicio de toda la sociedad de forma gratuita: ¡Me voy a presentar a un premio en la casa de la/os principales destinataria/os de estos conocimientos: la/os Abogada/s!
Una de la/os dos estudiantes que me impulsaron a solicitar el premio, falleció al poco tiempo de recogerlo y eso me impulsó a dedicárselo, tanto a ella como a toda/os la/os estudiantes que, en condiciones de extrema dificultad, tienen el arrojo de emprender un sueño profesional. Lo consigan o no: ¡han de sentirse premiada/os porque su esfuerzo merece un reconocimiento!
¿Cómo explicarías el impacto de tu trabajo en materia de igualdad?
La igualdad de oportunidades (personales, laborales, económicas, sociales) comienza con la formación académica. Quiénes parten de una distinta formación, siempre estarán en desventaja. Mi Universidad, la UNED, la Universidad más grande de España y una de las más grandes de Europa, se ha caracterizado siempre por la “democratización de la ciencia”, por el acercamiento del conocimiento a todas las personas: tanto las que gozan de una vida plena y dichosa, como las que se encuentran en situaciones de extrema dificultad (privadas de libertad en las prisiones, hospitalizadas, emigradas a países lejanos, con causas de gran discapacidad, con múltiples cargas personales, familiares o laborales, con horarios laborales infernales, etc.). Desde mi Universidad hemos conseguido -muchas veces, en condiciones complejas- que prácticamente nadie con un sueño profesional se quede atrás. No voy a entrar en casos particulares por razón de espacio, pero con el siguiente dato, creo que la respuesta a esta cuestión no puede ser más ilustrativa: el año pasado, tenía matriculada en primero del Grado en Derecho a una mujer de 107 años.
¿Qué logro o iniciativa destacarías como especialmente transformador en tu trayectoria?
Me parece completamente disruptivo, transformador y rompedor -con humidad, lo digo- regalar el conocimiento científico adquirido durante una provechosa vida académica a toda la sociedad. Todos remamos en favor de nuestras instituciones o empresas, a las que -en verdad- “nos debemos”. Pero la/os profesora/es universitarios tenemos un derecho fundamental que es una inmensa fortuna: la libertad de cátedra. Esta libertad (que yo, particularmente, tanto valoro) nos permite decidir qué contenidos integran cada materia, cómo exportarlos, a quiénes dirigirlos y el modo de transmitirlos. En cualquier empresa podrían decirle (legítimamente) a un trabajador: no cuelgues en abierto los resultados de todos estos años de trabajo porque somos competitivos y debemos reservar nuestra energía para “sumar” sin que “nos resten”.
La universidad, en general y la mía, en particular, nos ofrece, sin embargo: una libertad total. Esta libertad me ha permitido realizar grandes proyectos y dirigirlos a toda la sociedad. El último es espectacular: las/os profesora/es especialistas en los temas más complejos de nuestra Justicia, han elaborado materiales en abierto con temas y esquemas; al propio tiempo, los han explicado en videos y audios; para culminar semejante obra de arte, Amparo Ribón ha incorporado unos poemas espectaculares. Los contenidos son gratuitos, universales, accesibles y en abierto. Pueden consultarse y descargarse aquí:
Consultar: https://canal.uned.es/series/67bc4833e9d460b2710fdd35
¿Cuál ha sido el principal obstáculo que has tenido que superar para impulsar el liderazgo femenino?
Los obstáculos no han sido pocos: las cátedras universitarias pertenecían, durante el pasado siglo, fundamentalmente, a un mundo de hombres. Me parece poco elegante recordar escenarios de deterioro, minusvaloración o desmerecimiento femenino en espacios habitados por personas que ya no se encuentran entre nosotros. El mundo, por suerte, ha cambiado mucho. Supongo que las “inercias masculinas” marcaron el comienzo del camino; pero recordarlas, las revitaliza. Yo soy más partidaria de mirar hacia adelante y festejar los cambios producidos, así como de remar en favor de los retos pendientes, antes que de remover escenas que -por fortuna- nunca volverán. Estamos ¡indudablemente! en un camino sin retorno hacia la plena igualdad, integración e inclusividad de todas las personas en la sociedad. Mis hijos (de 10, 13, 15 y 18 años, respectivamente) se sentirían “asqueados” -a día de hoy- si escuchasen, en cualquier lugar (en el colegio, en la calle, en la universidad) las palabras que hasta hace no muchos años tolerábamos con toda impunidad, frente a las mujeres, a las personas con discapacidad, a los mayores y a otros colectivos, que ya no pueden, en muchos casos, considerarse “vulnerables”. El sentido de igualdad ya es innato para las nuevas generaciones.
En tu experiencia, ¿Qué avances destacaría hoy en el sector jurídico o empresarial en materia de igualdad?
Podría destacar muchísimos avances pero, por no alargarme, expondré uno: un porcentaje (que no podría concretar con exactitud, pero desde luego: elevadísimo) de nuevas Juezas y Fiscales de España son mujeres. Esto conlleva que nuestra Justicia se moverá muy pronto en un entorno de gran sensibilidad femenina. No pretendo, con esto, desmerecer el extraordinario papel masculino en la Justicia; de hecho, muchas de nuestras grandes conquistas se las debemos, en gran medida, a hombres comprometidos con el empoderamiento femenino, tras tantos años de triste sometimiento y/o dependencia. Pero el reclutamiento de talento femenino en sectores tan trascendentes para nuestro Estado de Derecho como el Poder judicial, supondrá -¡y pronto lo veremos!- una nueva forma de entender el mundo, de gestionar las emociones y de poner en práctica el Derecho.
¿Qué papel crees que juega la abogacía —y en particular el ICAM— en la promoción de la igualdad?
El ICAM es un clarísimo ejemplo de promoción, impulso y defensa de la igualdad. No hay más que ver la gestión y organización de estos premios de la mano de una mujer tan elegante y distinguida (excelente Abogada) como la Vicedecana primera Isabel Winkels, con todo un ejército de grandes mujeres (integrantes del Jurado), que -sin conocerme de nada: ¡absolutamente de nada!- me concedieron este premio, me arroparon, me abrazaron y me hicieron sentir, durante unas horas, que concentraban el esfuerzo de toda una vida ese movimiento femenino fuerte que ya sólo puede avanzar. Desde entonces, estoy en contacto con ellas y deseando emprender proyectos conjuntos. Mi gratitud y felicitación al ICAM por ese reconocimiento al talento femenino y por esta motivación sin límite.

¿Qué consejo darías a las jóvenes juristas que aspiran a posiciones de liderazgo?
Que estudien muchísimo: ¡lo primero! Sin una buena formación, no será posible desarrollar brillantemente la profesión. Lo principal, al inicio, es tener una excelente formación; inmediatamente después, que no escatimen: todo tiempo y esfuerzo invertido en el trabajo tiene una recompensa. Al principio pudiera pensarse que no, que estamos renunciando a momentos de gloria personal por algo que igualmente llegará y tampoco nos aporta tanto, pero esto es un falso espejismo. Incluso las horas en las que, devastadas, seguimos un poquito más y en las que ya parece no estar entrando dato alguno en nuestras cabezas, son horas que reportarán grandes beneficios. También les diría que fuesen pacientes: el éxito no llega rápido, pero si se resiste (y la paciencia forma parte del kit), acaba por llegar. Y por último (pero extraordinariamente importante) que sean generosas y honestas: que no se guarden para sí las “grandes ideas”, que sean capaces de generar sinergias (siempre retroalimentan) y que lo hagan con transparencia, buena fe y una adecuada deontología profesional. De poco les servirá ser “grandes juristas” si nadie las quiere por ser “malas personas”. Hay que cultivarlo todo: conquistar el mundo jurídico, oxigenar el alma y alimentar (de pasión) los corazones.
¿Qué te gustaría que cambiara en los próximos cinco años en materia de igualdad?
Me gustaría muchísimo -me estremecería- que se erradicase, de una vez por todas, la asquerosa violencia machista. Hemos avanzado de una forma extraordinaria en todos los terrenos, excepto en este: ¿cómo es posible que no consigamos mitigar, minorar o (de ser posible) extinguir la execrable violencia (física y/o psíquica) frente a nuestras niñas, adolescentes, mujeres y ancianas? Esta es la lucha que deberíamos emprender con toda vehemencia. Al igual que la inversión de economía, tiempo y talento -para los grandes investigadores de las ciencias de la salud- debería concentrarse en las peores enfermedades (que nos están exterminando) del siglo XXI, para la/os juristas de este siglo, la asignatura pendiente en materia de feminismo es -indudablemente- la violencia frente a las mujeres.
Para terminar, ¿qué significa para ti el liderazgo en femenino?
El liderazgo femenino no difiere en esencia del masculino. Significa, sencillamente, que una persona (en este caso: una mujer) ha liderado un tiempo, un espacio, un grupo de personas, un ensayo, una obra o un proyecto que ha contribuido, decisivamente, a construir un mundo mejor. Y eso merece un reconocimiento. Si festejamos -a día de hoy- el liderazgo femenino y no hacemos lo mismo con el masculino es para poner en valor el papel de una parte (por cierto: mayoritaria en número) de la población que -durante siglos- estuvo silenciada, sometida y eclipsada. Por tanto, y a modo de demostración de que esto no acaba sino de empezar: nos reconocemos, nos elogiamos, nos apoyamos y hasta nos premiamos. ¡Vivan las mujeres!
¿Qué le dirías a otras empresas, instituciones y/o personas físicas que estén trabajando en pro de la igualdad y/o el liderazgo femenino para animarles a presentar su candidatura en próximas ediciones?
Que sean creativas, innovadoras, disruptivas y transgresoras. Ningún cambio transcendental para el mundo ha partido de una posición de postración, sino de otra de vitalidad, de entusiasmo y de valentía. Merecen ser premiadas esas acciones que contribuyen a cambiar (a mejor) el mundo de las mujeres, cuyas cargas -a pesar de estar consiguiendo la plena igualdad- siguen siendo considerablemente pesadas. Merecen ser beneficiarias de proyectos que promuevan su talento, impulsen su sensibilidad, fomenten su extraordinaria capacidad y contribuyan a otorgarles una motivación, que les permita mantenerse en esas posiciones de lucha constante por la igualdad de las demás.