La Diputada Ana Buitrago reivindica el papel estratégico de la abogacía de empresa en la toma de decisiones y la buena gobernanza corporativa

La Sección de Abogacía de Empresa del Ilustre Colegio de la Abogacía de Madrid celebró el lunes 25 de mayo la jornada “El rol de la abogacía en la empresa más allá de la función jurídica”, un encuentro dedicado a analizar la evolución de los profesionales in house como actores clave en la estrategia, la gobernanza y la sostenibilidad de las compañías.

La sesión fue inaugurada por Ana Buitrago, diputada de la Junta de Gobierno del ICAM y responsable de Abogacía de Empresa, y estuvo moderada por Elia Esteban García-Aboal, copresidenta de la Sección. En la mesa participaron Gonzalo Barettino Coloma, secretario general y vicesecretario del Consejo de Banco Sabadell, y Manuel García Cobaleda, secretario general y del Consejo de Naturgy.

Ana Buitrago reivindica el papel estratégico de la abogacía de empresa

Durante la inauguración, Ana Buitrago puso de relieve la profunda transformación experimentada por la función jurídica interna en los últimos años. Frente a una concepción tradicional del abogado de empresa como un profesional situado en una posición fundamentalmente reactiva, señaló que hoy los abogados y abogadas in house desempeñan “una participación proactiva y de gran importancia a la hora de influir en la estrategia de la empresa”.

En este sentido, destacó que las compañías operan actualmente en un entorno marcado por una regulación cada vez más compleja, una mayor exposición reputacional, los desafíos tecnológicos y de sostenibilidad, las exigencias de cumplimiento y gobierno corporativo y una realidad geopolítica y geoeconómica en constante transformación.

Ante este escenario, Buitrago subrayó que “el abogado o la abogada de empresa debe estar en la mesa donde se debaten y se toman las decisiones”, no solo para aportar seguridad jurídica, sino también para anticipar riesgos, construir soluciones viables y acompañar a la compañía en la identificación de nuevas oportunidades.

La Diputada de la Junta de Gobierno incidió asimismo en la contribución de los departamentos jurídicos internos a la cultura corporativa de las organizaciones: “El departamento jurídico interno es, en último término, uno de los grandes valedores de la cultura corporativa”. A su juicio, la memoria histórica, la formación y el criterio profesional de la abogacía de empresa resultan esenciales para que las compañías avancen “con criterio, con seguridad jurídica y con coherencia ética”.

Especial relevancia otorgó Buitrago a la independencia profesional y al secreto profesional como pilares del papel estratégico de la abogacía interna. “Si esa independencia se debilita, se resiente la calidad de las decisiones y, con ello, se resiente también, a largo plazo, la seguridad jurídica”, afirmó.

En este contexto, recordó el compromiso del ICAM con los profesionales de la abogacía de empresa a través del proyecto Abogacía de Empresa ICAM, dirigido a un colectivo que representa aproximadamente el 20% de los colegiados ejercientes y no ejercientes del Colegio. Entre las medidas impulsadas, destacó el sistema de amparo de dispositivos electrónicos para proteger información sujeta a secreto profesional, el acceso al amparo colegial frente a actuaciones que puedan menoscabar la independencia del abogado in house, la interlocución directa con empresas y departamentos jurídicos y una oferta formativa específica.

“La abogacía de empresa es una pieza esencial de la profesión y del funcionamiento saludable de nuestras empresas y, con ello, de toda la sociedad”, concluyó Buitrago antes de dar paso a la mesa de debate.

La función jurídica, integrada desde el inicio en el negocio

La moderadora de la jornada, Elia Esteban García-Aboal, destacó la importancia de que el abogado de empresa participe desde las primeras fases de las decisiones corporativas. “Si, en vez de aparecer el abogado al final para cerrar una operación, el CEO o el presidente de la compañía va de la mano del secretario general o del secretario del Consejo, seguro que el negocio va a salir mejor, con menos riesgos y con mayor beneficio para la compañía”, señaló.

Por su parte, Gonzalo Barettino Coloma centró su intervención en la evolución de la dirección de los servicios jurídicos de una gran compañía, especialmente en un entorno altamente regulado como el financiero. Según explicó, el responsable jurídico ya no puede limitarse a dominar una especialidad concreta, sino que debe aportar una visión transversal, prudente y conectada con el conjunto del negocio.

“El sentido común jurídico es entender que esto es un ser vivo, que tiene unas relaciones, que está coordinado y que tiene que convivir”, afirmó Barettino, quien destacó que esa visión global es una de las aportaciones más valoradas del abogado de empresa en la toma de decisiones estratégicas.

Asimismo, señaló que la dirección de una asesoría jurídica implica gestionar personas, presupuestos, procesos, clientes internos, eficiencia y externalización de servicios, ámbitos que exceden el conocimiento estrictamente jurídico. En las grandes operaciones corporativas, añadió, la intervención temprana del área jurídica resulta determinante: “Su función es buscar las soluciones para que aquello ocurra y hacer todo lo posible para que aquello ocurra, pero soluciones que sean seguras y que sean eficientes”.

Barettino compartió también su experiencia en una reciente operación corporativa de especial relevancia para Banco Sabadell, en la que los servicios jurídicos participaron desde el inicio en un equipo reducido de toma de decisiones. “Me queda para el recuerdo ese sistema de trabajo de cinco personas sin roles”, afirmó, destacando la capacidad del abogado de empresa para intervenir no solo en cuestiones jurídicas, sino también estratégicas y de comunicación.

Decisiones informadas y ejecutables

En su intervención, Manuel García Cobaleda abordó especialmente la función del secretario del Consejo de Administración y su conexión con la dirección jurídica. Según explicó, el papel de la secretaría del Consejo está estrechamente condicionado por la estructura accionarial y por la composición del propio órgano de administración.

“El secretario del Consejo ayuda a que se tomen decisiones informadas y a que el Consejo, cuando decida, decida con conocimiento de causa”, afirmó. Para García Cobaleda, esta función exige proporcionar contexto, completar la información relevante y garantizar que las decisiones no solo sean fundamentadas, sino también ejecutables.

“El Consejo tiene que decidir cosas que sean ejecutables, no cosas que luego sea imposible aterrizar”, indicó. Además, destacó la labor del secretario para facilitar relaciones constructivas entre consejeros con sensibilidades e intereses diferentes, especialmente en compañías con accionariados concentrados o diversos.

García Cobaleda se refirió asimismo a la importancia de documentar correctamente los procesos de decisión del Consejo, de modo que puedan valorarse en función de la información disponible en el momento en que fueron adoptados y no únicamente desde una perspectiva posterior. “El secretario del Consejo tiene que luchar contra el juicio a toro pasado”, afirmó, subrayando la relevancia de las actas y de los procedimientos adecuados para acreditar que una decisión se tomó de manera informada y responsable.

Finalmente, defendió la utilidad de integrar las funciones de secretaría del Consejo y dirección jurídica, al considerar que esa combinación permite disponer de una visión más amplia de la compañía, de sus riesgos y de la sensibilidad del órgano de administración. “El director jurídico, de lo que se espera de él, no es ya que resuelva un pleito; es que pronostique bien”, concluyó.

La jornada puso de manifiesto la creciente relevancia de la abogacía de empresa como socio estratégico de las organizaciones, capaz de aportar criterio, independencia, visión transversal y capacidad de anticipación en los procesos de decisión que determinan el presente y el futuro de las compañías.

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